El nuevo juego de conducción apuesta por drift, cultura japonesa, tuning extremo y una campaña estilo manga en un enorme mundo abierto
La cultura del drift japonés lleva décadas siendo prácticamente una religión para millones de jugadores y amantes del motor. Coches imposiblemente bajos, neones iluminando carreteras de montaña, motores rugiendo en mitad de la noche y curvas tomadas completamente de lado como si las leyes de la física fueran simples recomendaciones opcionales. Mientras algunos juegos modernos siguen obsesionados con parecer simuladores de tráfico ligeramente más rápidos, JDM: Japanese Drift Master quiere recuperar precisamente esa fantasía callejera que tantos jugadores llevan años buscando.
Desarrollado por Gaming Factory, el juego nos llevará hasta la prefectura ficticia de Guntama, un enorme mundo abierto inspirado claramente en la cultura automovilística japonesa más clásica. Aquí no hablamos simplemente de correr de un punto A a un punto B. La idea es construir toda una experiencia alrededor del drift, el tuning, la exploración y la progresión dentro de la escena underground local.
Y sinceramente, viendo la cantidad de títulos de conducción que hoy parecen diseñados por contables obsesionados con estadísticas y menús eternos, se agradece muchísimo encontrarse con una propuesta que entiende que a veces lo importante no es ganar una carrera… sino entrar derrapando de forma absurda mientras suena Eurobeat a todo volumen y el coche parece una discoteca ilegal con ruedas.
Más de 250 kilómetros de carreteras japonesas para perder neumáticos y dignidad
Uno de los aspectos más ambiciosos de JDM: Japanese Drift Master es su enorme mapa abierto, que ofrecerá más de 250 kilómetros de carreteras inspiradas en diferentes paisajes japoneses. El juego mezclará zonas urbanas modernas, carreteras rurales y especialmente los míticos puertos de montaña donde históricamente nació buena parte de la cultura drift que luego explotó en todo el mundo gracias a mangas, animes y videojuegos.
Además, el título contará con clima dinámico y ciclo día-noche, algo fundamental para reforzar precisamente esa atmósfera nocturna tan ligada al street racing japonés. Porque sí, técnicamente puedes hacer drift a plena luz del día… pero todos sabemos que hacerlo de madrugada bajo luces de neón multiplica automáticamente el carisma del coche en un 300%.
La conducción también buscará adaptarse a distintos perfiles de jugador mediante dos modelos diferenciados. El modo Arcade ofrecerá una experiencia más accesible y relajada, mientras el modo Simcade eliminará gran parte de las ayudas para quienes quieran controlar manualmente derrapes, transferencias de peso y reacciones del vehículo con mayor precisión.
Y siendo honestos, esto probablemente sea una de las decisiones más inteligentes del juego. El drift es espectacular de ver, pero dominarlo correctamente puede convertirse en una experiencia más frustrante que intentar montar un mueble sueco siguiendo instrucciones dibujadas por un criptógrafo.

Nissan, Honda, Mazda y Subaru ponen el músculo oficial a la fantasía tuner
Otro de los grandes atractivos del juego será su selección de vehículos con licencia oficial. JDM: Japanese Drift Master incluirá coches de fabricantes históricos como Nissan, Honda, Mazda y Subaru, algo prácticamente obligatorio cuando intentas construir una carta de amor al automovilismo japonés.
Pero claro, aquí el coche base es solo el principio del problema. Porque el juego apostará muy fuerte por la personalización mecánica y visual, permitiendo modificar suspensión, ángulos de caída, comportamiento del vehículo y múltiples elementos estéticos. También habrá kits de carrocería completos, iluminación personalizada y otros añadidos visuales diseñados para que cada jugador pueda construir exactamente el tipo de monstruo tuning que llevaba años imaginando.
Además, la edición física incluirá el DLC JDM: MADE IN USA, que añadirá seis vehículos adicionales junto a 30 piezas de personalización extra. Entre ellos aparecen nombres como el Ironvale Stallion ’69 o el Falcon HellFeather, demostrando que incluso dentro de una experiencia centrada en Japón siempre hay espacio para meter músculo americano dispuesto a destrozar neumáticos sin el menor remordimiento.
Porque al final, el tuning extremo nunca ha sido precisamente un entorno conocido por la moderación o el buen gusto discreto.

Una campaña estilo manga para convertirte en leyenda callejera
Más allá de las carreras, el juego también incluirá una campaña narrativa inspirada en el estilo manga japonés. La historia seguirá a un extranjero que intenta abrirse camino dentro de la escena local de drift participando en más de 40 eventos narrativos.
La idea encaja perfectamente con toda la identidad visual y temática del proyecto. De hecho, gran parte de la comunidad lleva años reclamando precisamente un sucesor espiritual moderno de aquellas experiencias arcade japonesas donde la conducción no era solo competición, sino también una especie de viaje cultural lleno de rivalidades, reputación y coches absurdamente personalizados.
El apartado sonoro también buscará reforzar esa ambientación mediante grabaciones originales de motores y emisoras temáticas que incluirán géneros como J-music, Phonk y Eurobeat. Y sinceramente, cualquier juego de drift que incluya Eurobeat ya empieza automáticamente con ventaja emocional sobre media industria actual.
Porque sí, tomar una curva completamente cruzado mientras suena música japonesa hiperacelerada sigue siendo una de las experiencias más absurdamente satisfactorias que puede ofrecer un videojuego de conducción.

La edición física para PS5 ya puede reservarse antes de su lanzamiento este verano
JDM: Japanese Drift Master ya se puede reservar en formato físico para PlayStation 5, gracias a Meridiem, confirmando su lanzamiento para el próximo 24 de julio de 2026.
Y viendo lo que promete sobre el papel, queda bastante claro que el juego apunta directamente a ese enorme grupo de jugadores que lleva años esperando un título moderno capaz de capturar la esencia más pura del drift japonés sin convertirlo todo en una simulación ultratécnica donde necesitas un máster en ingeniería para disfrutar.
A veces solo quieres un coche japonés, una carretera de montaña, música absurda y humo saliendo de las ruedas mientras intentas impresionar a desconocidos virtuales. Y sinceramente, eso también debería considerarse cultura.
