Flat Hill Games presenta un nuevo sandbox multijugador para Meta Quest y PC VR que mezcla exploración, bases personalizables y movilidad física a base de brazos

La realidad virtual tiene una habilidad casi mágica para convertir ideas completamente absurdas en éxitos gigantescos. Si hace unos años alguien hubiese aparecido diciendo que millones de personas pagarían por correr agitando los brazos como un gorila hiperactivo mientras gritan dentro de un visor, probablemente la reacción habría sido una mezcla entre preocupación y una llamada rápida a un especialista. Sin embargo, Gorilla Tag apareció, rompió internet y acabó demostrando que las reglas tradicionales de los videojuegos en VR a veces funcionan igual de bien que un paraguas en un volcán.

Y ahora parece que otro estudio quiere acercarse a ese territorio tan extraño como peligrosamente adictivo.

El estudio independiente Flat Hill Games ha anunciado oficialmente OogaBonk, un nuevo sandbox social ambientado en una era prehistórica que combina exploración multijugador, físicas caóticas y desplazamiento basado completamente en movimientos de brazos. El título llegará a Meta Quest y PC VR, y propone un escenario donde hasta ocho jugadores compartirán un enorme patio de recreo lleno de selvas, volcanes, criaturas salvajes y suficientes situaciones absurdas como para convertir cualquier partida en una reunión familiar especialmente complicada.

Y siendo sinceros, solo el nombre ya transmite una energía muy concreta: la de un juego donde el caos no es un accidente del diseño. Es el plan.

OogaBonk

Sí, las comparaciones con Gorilla Tag son inevitables… y el juego ni siquiera parece esconderlo demasiado

Hay ocasiones donde los estudios intentan evitar comparaciones a toda costa y otras donde resulta completamente imposible esquivarlas. En el caso de OogaBonk, la inspiración es bastante evidente desde el primer segundo.

La movilidad basada en impulsarse con los brazos recuerda directamente al fenómeno de Gorilla Tag, uno de los mayores éxitos de la historia reciente de la realidad virtual. Y no hablamos precisamente de un éxito pequeño. El juego consiguió superar los diez millones de jugadores y generar más de cien millones de dólares, convirtiéndose en una de esas historias que nadie vio venir y que ahora medio sector intenta estudiar como si fuese un ritual ancestral perdido.

Después llegaron otros proyectos similares como Animal Company o Yeeps, títulos que entendieron rápidamente algo muy importante: la gente disfruta muchísimo cuando juntas interacción social, físicas impredecibles y suficiente libertad para que cada partida pueda degenerar en un desastre glorioso.

Porque el caos organizado en VR tiene algo especial. Nunca sabes si vas a descubrir una mecánica nueva, hacer un amigo o encontrarte a alguien saltando desde un volcán mientras emite sonidos imposibles de describir con palabras humanas.

Y lo peor es que normalmente ocurre todo a la vez.

OogaBonk

Bases personalizables, exploración y progresión propia: aquí parece haber más que carreras sin sentido y gritos de fondo

Lo que podría ayudar a OogaBonk a separarse del resto es precisamente que no parece centrarse únicamente en perseguir a otros jugadores durante horas mientras agitas los brazos como si estuvieras espantando mosquitos invisibles.

El estudio asegura que el juego apostará por una progresión más personal, donde los jugadores podrán explorar el entorno, encontrar coleccionables y construir bases persistentes completamente personalizables. Sobre el papel, esto introduce una capa adicional bastante interesante, porque transforma el juego en algo más parecido a un espacio social vivo y menos a una sucesión infinita de minijuegos improvisados.

La idea de tener un lugar propio siempre añade un componente curioso en experiencias sociales. Porque tarde o temprano cualquier jugador acaba haciendo exactamente lo mismo: invertir cantidades absurdas de tiempo decorando un refugio digital para luego enseñar orgullosamente una piedra colocada en una esquina como si hubiese diseñado la próxima maravilla arquitectónica de la humanidad.

Y siendo justos, todos hemos caído en eso alguna vez.

OogaBonk

El género social VR sigue creciendo y parece haber encontrado una fórmula peligrosamente efectiva

Durante años mucha gente insistió en que la realidad virtual necesitaba únicamente experiencias gigantes, campañas épicas y gráficos cada vez más realistas. Luego llegaron títulos mucho más simples y demostraron que a veces basta una buena idea, físicas divertidas y herramientas para crear situaciones impredecibles.

Porque el verdadero contenido en muchos juegos sociales nunca lo generan los desarrolladores.

Lo generan los propios jugadores.

Y si Flat Hill Games consigue equilibrar bien esa mezcla entre creatividad, exploración y caos multijugador, OogaBonk podría terminar convirtiéndose en una de esas sorpresas que aparecen casi sin avisar y empiezan a llenar vídeos, clips y redes sociales durante semanas.

Por ahora todavía no existe fecha de lanzamiento confirmada, pero una cosa parece bastante evidente: si ves a ocho cavernícolas corriendo por una jungla mientras agitan los brazos y saltan alrededor de un volcán… probablemente no estés viendo un documental histórico. Estás viendo el futuro de otra noche muy rara en VR.

OogaBonk

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