El simulador divino exclusivo de VR recibe una gran actualización que te obliga a elegir entre el bien… o un cráneo decorativo bastante tentador
Hay algo que todos hemos pensado alguna vez jugando a un “god sim”: vale, soy un dios… ¿pero exactamente qué tipo de dios quiero ser? Porque no es lo mismo repartir bendiciones que sembrar el caos con estilo. Y How to God, el simulador exclusivo de realidad virtual de Thoughtfish, ha decidido que ya era hora de responder a esa pregunta de una forma bastante más interesante.
El estudio alemán ha lanzado una nueva gran actualización que introduce un sistema de decisiones morales basado en rutas de bien o mal, disponible desde el 9 de abril de 2026 en Meta Quest. Y lo mejor es que no se queda en una elección narrativa sin consecuencias: aquí lo que decides se refleja directamente en tu criatura… y en cómo evoluciona tu mundo.
Porque sí, ahora no solo juegas a ser dios. Ahora defines qué clase de deidad eres… aunque probablemente acabes eligiendo lo que quede más espectacular.
Decisiones que se ven… y que cambian cómo juegas
La gran novedad de esta actualización gira en torno a un sistema de progresión ramificado que se desbloquea tras completar misiones importantes de la historia. A partir de ese momento, el juego te permite elegir entre diferentes ventajas alineadas con el bien o el mal, abriendo caminos distintos dentro de la experiencia.
Pero aquí viene lo interesante: estas decisiones no son invisibles ni abstractas. Se materializan directamente en tu criatura dentro del juego, añadiendo elementos visuales que reflejan el tipo de dios que estás construyendo.
Puedes optar por un enfoque más “luminoso”, con adornos como bandas doradas, o abrazar un estilo bastante más oscuro con alas de murciélago, cráneos de aldeanos y otros detalles que dejan claro que tus seguidores deberían empezar a preocuparse.
Es un sistema que no solo añade variedad estética, sino también identidad. Porque cada partida puede acabar siendo completamente distinta dependiendo de las decisiones que tomes.

Un impulso necesario para mantener vivo el juego en VR
Desde Thoughtfish tienen claro que el objetivo de esta actualización no es solo añadir contenido, sino mantener el interés a largo plazo en un título que ya ha conseguido posicionarse como uno de los simuladores divinos mejor valorados en realidad virtual.
El estudio ha estado trabajando con un ritmo de actualizaciones cercano a las tres semanas, algo que no es precisamente habitual en VR, y que demuestra una intención clara de seguir ampliando y refinando la experiencia durante los próximos meses.
Este tipo de soporte continuo es especialmente importante en un mercado como el de la realidad virtual, donde muchos juegos llegan, llaman la atención… y desaparecen rápidamente. Aquí, en cambio, parece haber una estrategia para que How to God siga evolucionando con el tiempo.

Meta Quest como hogar principal… pero con la vista puesta en más plataformas
Actualmente, la actualización ya está disponible en Meta Quest, donde el juego continúa consolidándose dentro del catálogo VR. Además, los jugadores interesados también pueden añadirlo a su lista de deseos en Steam, lo que sugiere que su presencia en otras plataformas sigue formando parte de los planes del estudio.
En paralelo, Thoughtfish continúa apostando por su visión de experiencias inmersivas que combinan lo digital con el entorno real, algo que también se refleja en sus herramientas de desarrollo como COALA, pensadas para integrar datos del mundo real en experiencias interactivas.
No es solo un juego, es parte de una idea más amplia sobre hacia dónde puede evolucionar la realidad virtual.

Elegir entre el bien y el mal… o simplemente lo que quede más épico
Al final, la pregunta que plantea esta actualización es tan simple como peligrosa: ¿vas a ser un dios benevolente… o uno que inspira miedo? Y aunque la respuesta debería ser moral, todos sabemos cómo funciona esto en la práctica.
Porque cuando te ponen delante alas demoníacas o adornos dorados brillantes… la decisión no siempre se basa en principios.
Y ahí está la gracia.
