Un anuncio físico de los que sí importan (y no solo por la caja bonita)

En un mercado saturado de ediciones físicas que parecen existir solo para inflar estanterías, Long Gone Days llega a Europa con una propuesta que, al menos, tiene algo que decir. Serenity Forge, el estudio This I Dreamt y Tesura Games han unido fuerzas para traer este RPG narrativo contemporáneo en Edición Estándar y Edición Coleccionista a Nintendo Switch y PlayStation 5, con lanzamiento previsto para Q2 de 2026 en territorio europeo.

No estamos ante un anuncio cualquiera ni ante otro JRPG de fantasía escapista. Long Gone Days apuesta por una narrativa incómoda, muy pegada a conflictos reales, donde la guerra no es un espectáculo sino un problema. Y que una propuesta así llegue en formato físico, con mimo y distribución europea, dice bastante del tipo de juego que tenemos entre manos… y del riesgo que alguien ha decidido asumir.

Un mundo en guerra donde el idioma también dispara balas

Long Gone Days es un RPG narrativo moderno que pone el foco en algo poco habitual: el coste humano de los conflictos armados y las barreras idiomáticas que separan a las personas incluso cuando luchan en el mismo bando. Aquí no hay reinos mágicos ni demonios ancestrales, sino un mundo contemporáneo al borde del colapso, contado desde una perspectiva íntima y muy personal.

La historia sigue a Rourke, un joven criado y entrenado como francotirador en una base militar subterránea que sale por primera vez a la superficie para cumplir una misión. A partir de ahí, lo que parecía un encargo más empieza a desmoronarse. Viajes por distintos puntos de Europa, compañeros con visiones opuestas del conflicto y una organización que no es exactamente lo que prometía forman el núcleo de una narrativa que avanza a base de decisiones incómodas y silencios más elocuentes que cualquier discurso épico.

Long Gone Days

Combate sin relleno: francotiradores, turnos y nada de encuentros basura

A nivel jugable, Long Gone Days combina dos sistemas que rara vez conviven con coherencia. Por un lado, un modo francotirador en primera persona, centrado en eliminar enemigos a distancia con precisión quirúrgica. Por otro, combate por turnos, donde se pueden apuntar partes concretas del cuerpo de los enemigos para obtener ventajas tácticas reales, no simples números inflados.

Aquí no hay encuentros aleatorios ni combates metidos con calzador para alargar la duración artificialmente. Cada enfrentamiento está diseñado para tener sentido dentro de la historia, algo que se agradece en un género acostumbrado a confundir horas con contenido. El resultado es un RPG más contenido, más narrativo y bastante más honesto de lo habitual.

Long Gone Days

Ediciones físicas: estándar correcta y coleccionista con cariño de verdad

La Edición Estándar de Long Gone Days incluye el juego completo en formato físico junto a una hoja de pegatinas, cumpliendo sin alardes pero sin recortes sospechosos. Es la opción lógica para quien quiere el juego en la estantería y poco más.

La Edición Coleccionista, en cambio, apunta directamente al jugador que valora el contexto y el arte tanto como el propio juego. Incluye una caja coleccionista con arte exclusivo de Burasto, el juego completo, una etiqueta de equipaje “Save Me”, pegatinas, chibi-standees acrílicos de los personajes, un libro de arte de 72 páginas y un CD con la banda sonora. Una edición que no se limita a meter plástico sin alma y que, al menos sobre el papel, justifica su existencia.

Long Gone Days

Tesura Games vuelve a apostar por RPG con mensaje (y se agradece)

Que Tesura Games esté detrás de la distribución europea no es casualidad. En los últimos años ha demostrado interés por títulos narrativos con personalidad, lejos del mainstream sin riesgos. Apostar por Long Gone Days refuerza esa línea editorial: juegos que no buscan gustar a todo el mundo, pero sí decir algo a quien esté dispuesto a escucharlo.

Long Gone Days ya se puede reservar en Edición Estándar y Edición Coleccionista para Nintendo Switch y PlayStation 5, con lanzamiento previsto para Q2 de 2026 en Europa. Un RPG que no promete salvar el mundo… pero sí hacerte pensar por qué alguien querría hacerlo a tiros.

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