La Primera Guerra Mundial ha sido retratada mil veces en videojuegos, pero casi siempre desde la épica, la estrategia o la acción directa. Trenches VR decide ir justo en la dirección contraria: nada de heroísmo, nada de gloria y cero sensación de control. Aquí lo que hay es barro, oscuridad, miedo constante y la incómoda certeza de que algo te está escuchando mientras intentas no perder la cabeza. El próximo 20 de enero, los jugadores de PlayStation VR2 podrán experimentar esta pesadilla en primera persona.
Desarrollado por Steelkrill Studio y publicado por Perp Games, el título llega a PS VR2 tras su paso por otros visores, avalado por una recepción muy positiva y una nominación en los Horror Game Awards. No es un juego pensado para gustar a todo el mundo, y eso es precisamente lo que lo hace interesante: es incómodo, opresivo y deliberadamente cruel con el jugador. Exactamente como debería ser un buen survival horror en realidad virtual.
Una guerra sin balas heroicas, solo miedo y supervivencia
En Trenches VR encarnamos a James R., un soldado de la Primera Guerra Mundial atrapado en un entorno que parece vivo y hostil. Su único objetivo no es ganar la guerra ni completar misiones gloriosas, sino algo mucho más humano: sobrevivir y volver con su familia. El problema es que el camino hacia esa libertad es un laberinto de trincheras que se retuercen, cambian y se deforman a medida que la cordura del protagonista se desmorona.
El juego apuesta fuerte por el terror psicológico. No hay mapas fiables ni rutas seguras, y lo que parece un camino conocido puede transformarse en una trampa mortal en cuestión de segundos. La sensación de desorientación es constante, y el entorno se convierte en un enemigo más, tan peligroso como la criatura que acecha en la oscuridad.

El sonido como arma… y como condena
Uno de los pilares de la experiencia es el sonido. Cada paso que das, cada tabla que cruje bajo tus botas, puede delatar tu posición. La criatura que patrulla las trincheras no necesita verte: le basta con escucharte. Esto obliga a moverse con extremo cuidado, medir cada acción y aceptar que, muchas veces, quedarse quieto es la única opción sensata.
El jugador puede utilizar distracciones sonoras para engañar al enemigo, pero nada es gratuito. Incluso el silbato de trinchera, una herramienta clave para localizar pistas, puede convertirse en tu sentencia de muerte si lo usas sin pensar. Trenches VR no perdona errores impulsivos y castiga duramente la impaciencia.

Cordura, espacios imposibles y escondites desesperados
A medida que la partida avanza, la frontera entre realidad y delirio se difumina. El juego utiliza la pérdida de cordura como mecánica narrativa y jugable, alterando el escenario y haciendo que el entorno resulte cada vez más impredecible. Pasillos que se estrechan, rutas que desaparecen y zonas que parecen repetirse hasta romper cualquier sentido de orientación.
El diseño de niveles obliga a observar con atención: huecos bajo las literas, pasadizos estrechos y recovecos improvisados se convierten en refugios temporales para esquivar al monstruo. No es un juego de acción, es un ejercicio constante de observación, memoria espacial y autocontrol.

Una sola oportunidad para escapar del horror
Uno de los elementos más duros —y más coherentes con su planteamiento— es su sistema de guardado. Trenches VR solo permite una partida guardada. Si mueres, vuelves al principio. Sin atajos, sin concesiones y sin compasión. Cada decisión cuenta, cada paso importa y cada error se paga caro.
Este enfoque refuerza la tensión y convierte cada avance en un pequeño triunfo personal. No es un juego para sesiones relajadas ni para jugar con prisas. Es una experiencia que exige compromiso, nervios de acero y aceptar que, a veces, el miedo gana.

Terror psicológico en PS VR2 sin concesiones
La llegada de Trenches VR a PlayStation VR2 el próximo 20 de enero amplía el catálogo de terror del visor con una propuesta claramente diferenciada. Por 14,99 €, los jugadores encontrarán una experiencia intensa, opresiva y diseñada para incomodar, no para agradar.
No es un juego de sustos baratos ni de acción frenética. Es una inmersión lenta y asfixiante en la locura de la guerra, donde sobrevivir significa pensar, escuchar y, sobre todo, no hacer ruido. Si buscas un título que te haga sudar dentro del visor y te recuerde por qué el terror en realidad virtual funciona tan bien, aquí tienes tus órdenes, soldado.
