Un roguelite salvaje, un simio heroico y una edición física que ya puedes conseguir
Hay anuncios que pasan discretos… y luego está Meridiem, que cada cierto tiempo decide recordarnos que todavía quedan ediciones físicas capaces de alegrarte el día y llenar tu estantería con dignidad. Esta vez el turno es para Dunjungle, el roguelite frenético desarrollado por Patapez Interactive y publicado globalmente por Astrolabe Games, que aterriza en formato físico para PlayStation 5 y Nintendo Switch con una Premium Edition cargada de extras. Sí, ya está disponible, y sí, incluye regalitos: un mini libro de arte y una hoja de pegatinas para que marques territorio como buen simio aventurero.
Desde una perspectiva más terrenal —o selvática, según se mire—, esta edición llega en un momento clave para quienes siguen creyendo en el placer de abrir una caja y oler a manual recién impreso. Y si encima viene acompañada de un roguelite lleno de acción, criaturas mutadas y templos que cambian más que los precios del supermercado, pues mejor que mejor.
Una jungla que te quiere, te odia y te revienta sin puntos de control
Dunjungle te pone en la piel de un simio que, por desgracia, vive en una selva que ha decidido volverse hostil. Un poder oscuro está corrompiendo a las criaturas pacíficas del lugar, y el resultado es el tipo de fauna que no encuentras en ningún zoo porque obligaría a firmar demasiados seguros de vida. Tu misión es sencilla: sobrevivir, explorar mazmorras que nunca son iguales y descubrir qué está destruyendo tu hogar. Lo normal en la vida de un héroe simiesco.
La propuesta del juego es tan directa como dolorosa: si mueres, vuelves a empezar. Nada de puntos de control, nada de perdonar errores… pero sí recompensas. Cada partida desbloquea algo nuevo: armas, hechizos, reliquias, personajes rescatados o simplemente conocimiento para no caer en la misma trampa dos veces. Un ciclo clásico del roguelite que aquí se siente rápido, divertido y con ese puntito de “una más y lo dejo” que terminará en que te amanezca encima.

Armas elementales, hechizos explosivos y combinaciones que te dejan pensando “esto no debería ser legal”
El arsenal de Dunjungle es una fiesta. No solo hay armas, hechizos y reliquias con efectos únicos; también pueden fusionarse con elementos como fuego, hielo, trueno o viento para crear variantes mucho más poderosas. Lo típico: incendiar monstruos, congelarlos, electrocutarlos… o hacerlos volar como si acabaran de pisar un ventilador industrial.
Estas combinaciones se vuelven vitales cuando la selva decide enseñarte los dientes de verdad. Las mazmorras se generan de forma procedural mezclando decenas de salas creadas a mano, repletas de trampas, criaturas extrañas, tesoros peligrosamente tentadores y jefes que te recordarán que aquí nunca estás tranquilo.

Criaturas hostiles… pero también colegas inesperados
No todo en la selva quiere arrancarte la cara. A veces encontrarás personajes atrapados, despistados o directamente pasando el rato bajo un árbol. Ayúdalos y puede que se unan a tu causa. Eso sí, aviso: muchos son monos, así que prepárate para que el concepto de “trabajo en equipo” sea tan caótico como adorable.

Una edición física que celebra lo indie
La Premium Edition creada por Meridiem mantiene ese enfoque artesanal que tanto apreciamos: presentación cuidada, extras físicos y el mimo suficiente para que los coleccionistas de PS5 y Switch sientan que no compran simple plástico, sino una parte del ADN del juego. Para los amantes del formato físico, es otra victoria en un mundo que insiste en mandarlo todo a la nube.

La selva te espera… y ahora también en tu estantería
Con su acción rápida, su bucle roguelite adictivo y su ambientación selvática tan simpática como traicionera, Dunjungle se convierte en una propuesta ideal para quienes quieren algo fresco, accesible y con más personalidad que muchos títulos de mayor presupuesto. Y la llegada de su edición física Premium para PlayStation 5 y Nintendo Switch es la excusa perfecta para darle una oportunidad.
La jungla está viva, mutada y lista para ponerte a prueba. Pero oye: si un simio puede salvar su hogar, tú también puedes intentarlo.
